Mama mia!!!

Me parece que una de las nomenclaturas más sexies en la historia del automóvil fue la que Lamborghini empezó a usar desde 1973 con el Miura P400 y luego con el Countach LP-400.

En tiempos más recientes, ya en manos del grupo Volkswagen, los de Sant Agata Bolognese retomaron dicha tradición con el Murcielago LP640 y continuaron nombrando a sus autos no sólo con una palabra con algún significado de la cultura taurina. Sino además aprovechaban para decirnos su potencia, posición del motor y tipo de tracción.

Lamentablemente para los que somos más clavados en esto, el principio del fin inició con el Aventador S en 2017.
Desde entonces, la marca ha dejado de nombrar a sus autos con la nomenclatura que tanto orgullo da interpretar.

Me parece que esta noticia es un poco triste. Sin embargo hay que reconocer que luego de 40 años, Lamborghini ha sacado del baúl la letra J (que significa ‘Jota’), que además de consolarnos un poco de lo anterior, produce un poco de esperanzas para que la marca siga haciendo lo mismo en el futuro cercano.

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