Resurgido de las cenizas!

Aún sin estar metido del todo en la Fórmula 1 seguramente habrás escuchado el nombre del piloto austríaco Niki Lauda, ya sea por su triste fallecimiento el pasado mes de mayo, por película ‘Rush’ o lo que pasó un fatídico 1º de agosto de 1976, que aparte de cambiar su vida, cambió la percepción pública acerca de los pilotos de carreras.

Pero, ¿qué pasó ese día? Hablemos de eso!
En esas fechas se corría el Gran Premio de Alemania en el legendario circuito de Nürburgring en Alemania, mejor conocido como ‘El infierno verde’ y bautizado así por el tricampeón mundial de F1 Jackie Stewart. Durante ese fin de semana las condiciones para la carrera estaban lejos de ser ideales. El clima era lluvioso desde horas antes de la carrera, lo que complicaba el arranque del Gran Premio.

Niki Lauda había pedido que la carrera fuera cancelada o pospuesta debido a las malas condiciones climáticas; incluso a pesar de que el organizador invirtió una considerable cantidad de dinero para mejorar la seguridad en caso de emergencia de la pista, aún no era suficiente como para afirmar que la pista era segura, principalmente por el hecho de que es muy complejo ubicar suficientes oficiales de pista debido a que tiene más de 20 kilómetros de longitud. En fin, Lauda perdió la votación entre los pilotos para cancelar la carrera por tan sólo un voto, aceptando la decisión.
El arranque fue muy cauto ya que aunque había parado de llover, Lauda usó neumáticos de lluvia desde el inicio, contrario a sus rivales que calzaron con slicks (para pavimento seco), poco después entro a pits para cambiar las llantas por slicks y tratar de recuperar el tiempo perdido.

A la mitad de la segunda vuelta, en la zona conocida como Bergwerk, Niki Lauda perdió repentinamente el control de su Ferrari 312T2 y golpeó con fuerza el riel de contención. El accidente se atribuyó mayormente a un fallo de la suspensión posterior derecha, lo que lo mandó derrapando brutalmente y posteriormente rebotar a la pista, donde fue golpeado por el auto Surtees del piloto Brett Lunger, al momento del impacto Lauda perdió el casco y quedó inconsciente unos segundos, mismos en los que el combustible que salía del tanque roto, incendió su auto.
Cinco pilotos llegaron al accidente poco después de haber sucedido, Guy Edwards, Brett Lunger, Harald Ertl, Emerson Fittipaldi y Arturo Merzario, colaboraron en apagar el incendio y extraer a un Lauda, ya consciente, de ese infierno.

El italiano Merzario fue quien quitó los cinturones (ya que como ex-piloto de Ferrari conocía el sistema de cinturones del equipo italiano, que era distinto al de otros equipos).
Aparte de las quemaduras extremas en su rostro y manos, el verdadero problema fue que había inhalado el humo tóxico y a alta temperatura producido por las flamas del coche, el daño a sus pulmones fue tremendo y lo que lo tuvo al borde de la muerte; las curaciones para salvar su vida consistían en aspirar constantemente sus pulmones en un proceso muy doloroso.

Después de ese tremendo accidente el público, los medios y su propio equipo: Ferrari ya estaban hablando de Lauda en tiempo pasado, de modo que contrataron inmediatamente al piloto argentino Carlos Reutemann para correr el Gran Premio de Italia, en el que Niki dejó boquiabierto al público y a su mismo equipo al presentarse a los entrenamientos… tan sólo seis semanas después de su casi letal percance.
Tuvo que usar un casco especialmente modificado para maltratar lo menos posible la mitad de su cabeza aún recuperándose de las tremendas quemaduras.

Tras una gran lucha con el miedo que nunca negó que sentía, calificó en el cuarto puesto, el más alto de los tres pilotos de Ferrari, para arrancar el GP Italiano. En carrera terminó en cuarta posición, aquel piloto que había recibido los últimos sacramentos tan sólo mes y medio antes en la cama de un hospital en Mannheim, Alemania.

Niki Lauda se volvió leyenda, no sólo en los círculos del deporte motor, pues entró en la cultura pop de una forma inusitada para la época.
Aunque Lauda falló en asegurar el campeonato de ese año por sólo un punto, si lo logró al año siguiente (1977) y una vez más en 1984, en una era completamente distinta de la F1.

Lauda, era conocido como el ‘conejo’ y ‘la computadora’; el primero por sus dientes frontales y el segundo por su frialdad a la hora de tomar decisiones técnicas y en carrera, se convirtió en ‘el ave fénix’ al salir prácticamente de sus cenizas y convertirse en una de las grandes leyendas de la Fórmula 1 y del deporte motor en general.

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